La flotilla por la Libertad de Gaza: Diferentes versiones, diferentes reacciones.
Ignacio GarcÃa Pedraza
01-06-2010
La comunidad internacional reacciona, desde el profundo lamentar de EEUU (sin condena) a las contundentes declaraciones del gobierno turco. Se inicia el protocolo de situaciones urgentes, un mecanismo, no sé si formalmente establecido, pero claramente asumido, donde lo primero que se piden es investigaciones transparentes, y comienzan las reuniones para valorar respuestas conjuntas (interesante la rápida convocatoria del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y la reunión extraordinaria de la OTAN a petición de Turquía). Todos movimientos bien recibidos, pero que ya no resultan suficientes. Hace poco más de un año, Gaza fue protagonista de la activación de un protocolo similar, que terminó con una tragedia humanitaria, un informe de Naciones Unidas… y, haciendo memoria, un soldado israelí condenado por su propio gobierno por utilizar la tarjeta de crédito que le había robado a un palestino durante la operación Plomo Fundido, y ciertas compensaciones económicas de Israel a Naciones Unidas por la destrucción de sus instalaciones. El resto, aún esperamos.
Tras un primer día de bombardeo informativo en medios locales (palestinos e israelíes), y en medios internacionales, con todo tipo de análisis de lo ocurrido, y versiones diferentes, tomando un poco de distancia, pienso.
La comunidad internacional reacciona, desde el profundo lamentar de EEUU (sin condena) a las contundentes declaraciones del gobierno turco. Se inicia el protocolo de situaciones urgentes, un mecanismo, no sé si formalmente establecido, pero claramente asumido, donde lo primero que se piden es investigaciones transparentes, y comienzan las reuniones para valorar respuestas conjuntas (interesante la rápida convocatoria del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y la reunión extraordinaria de la OTAN a petición de Turquía). Todos movimientos bien recibidos, pero que ya no resultan suficientes. Hace poco más de un año, Gaza fue protagonista de la activación de un protocolo similar, que terminó con una tragedia humanitaria, un informe de Naciones Unidas… y, haciendo memoria, un soldado israelí condenado por su propio gobierno por utilizar la tarjeta de crédito que le había robado a un palestino durante la operación Plomo Fundido, y ciertas compensaciones económicas de Israel a Naciones Unidas por la destrucción de sus instalaciones. El resto, aún esperamos.
En el “mientras tanto” el Gobierno Español así como sus socios Europeos e internacionales no han mostrado ningún problema para profundizar los acuerdos de colaboración militar con Israel o premiar “la buena conducta” de Israel votando a favor de que fuese admitido en una de las más prestigiosas organizaciones de los países democráticos del mundo: la OCDE. Esta es la conducta de nuestro gobierno. Mientras muestra su profundo pesar por las víctimas civiles sigue vendiendo armamento al estado israelí sin ni tan siquiera tener las garantías de que ese mismo armamento español no será utilizado para atacar a ciudadanos internacionales (incluyendo a tres españoles) como ocurrió el pasado domingo con la flotilla de la libertad.
En Israel, en estos primeros compases, es mayoritariamente aceptada la versión de legítima defensa, y culpabilidad de la flota por lo ocurrido, y el sentimiento de que el resto del mundo no les entiende. Videos mostrando las agresiones de los tripulantes de la flota a los soldados, de la amenaza que suponían las armas que portaban y las oportunidades que habían dado a la Flota para canalizar la ayuda humanitaria, inundan todos los medios de comunicación locales. Es normal, que sientan que las armas de David, pueden derrotar a Goliat.
Tienen experiencia, pero equivocan el video que las muestra, deberían poner otro de las múltiples manifestaciones por todo el mundo frente a sus embajadas, ahí es donde David es fuerte. Es cierto, que desde el principio, ha habido voces dentro de Israel, contrarias a este mensaje dominante, muy críticas, pero minoritarias. Las mayores concesiones que está haciendo cierto sector de la opinión pública se refieren, reflejadas en diversos artículos y testimonios recogidos al final del día de ayer, a la torpeza política y el error diplomático en la forma de parar la flota y al cuestionamiento de la idoneidad de la estrategia del bloqueo de Gaza para los intereses israelíes. No en la actuación del ejército, que ya no tenía otro remedio, ni en la legitimidad de imponer un bloqueo de estas características. Torpeza, pienso, por pensar que si habían parado flotas antes sin este resultado, o si, imaginen, movimientos pacifistas como Greenpeace es capaz de detener petroleros desde una zodiac... ¿Torpeza también por no prever las consecuencias a nivel internacional? (suponiendo que las haya), o ¿Arrogancia derivada de la total impunidad en la que viven? (intuyendo que no habrá consecuencias).
Por lo pronto, la versión israelí de los hechos no parece tener eco en la opinión internacional.
En Palestina, declaraciones hacia dentro por parte del gobierno, convocando a tres días de luto, pidiendo movilización pacífica, pero con la sensación de que se espera a ver la reacción internacional para mover pieza. Declaraciones hacia fuera, convocando a la Liga Árabe, estableciendo una estrategia de respuesta combinando esfuerzos con otros países implicados directamente, siguiendo los protocolos de denuncia establecidos. Y las resistencias no violentas, comenzando a responder de forma descentralizada, por ahora un elemento que las caracteriza, buscando la confluencia en las manifestaciones del próximo fin de semana, las mismas que tienen lugar todas las semanas, pero esta vez puede que diferentes.
Y en el aire, el qué sucederá con las negociaciones indirectas entre israelíes y palestinos, apuesta de la política exterior estadounidense, en un intento de neutralizar los peligros que se derivan de su amistad con Israel, de su propia política. Y apuesta también de israelíes y palestinos, pero no para alcanzar la Paz, de sobra saben que para eso no sirven, sino para ganarse el favor del amigo americano, mostrando al otro como el culpable de su fracaso.






