Una estrategia europea para Irak. ¿Cómo recuperar el tiempo perdido?
Paola Gasparoli - Ismaeel Dawood
18-11-2009
Paola Gasparoli e Ismaeel Dawood
El papel que desempeña la Unión Europea en Irak resulta particularmente invisible, al menos para la sociedad civil iraquí que ni lo siente ni lo ve. A lo largo de estos últimos cinco años, la Unión Europea ha brillado más por sus ausencias y silencios que por sus iniciativas y tomas de posición. Las expectativas eran mucho más altas, dado que eran muchos los que esperaban un grado de implicación menos sometido a las decisiones del gobierno de Estados Unidos.
P. Gasparoli es la responsable del Observatorio de Irak de la organización italiana Un ponte per... - I. Dawood es el coordinador de la organización iraquí Al-Mesalla y de la red de organizaciones noviolentas de Irak LAONF
Los iraquíes lo esperaban sin demasiada ingenuidad, ya que son conscientes de las implicaciones internacionales y de las alianzas que hay. A pesar de la gestión catastrófica de la ocupación, las reiteradas violaciones y gravísimas de los derechos humanos y los crímenes de guerra de la tropas de ocupación, los iraquíes confiaban en que la Vieja Europa tendría valor para dar la cara, a pesar de la implicación directa de algunos estados miembro, especialmente Gran Bretaña. Han sido demasiado pacientes en su espera para nada. La inauguración reciente de una oficina de la Comunidad Europea en territorio iraquí parecía proponer buenos augurios, pero a decir verdad todo sigue igual. Como acostumbra a suceder, la nueva oficina apuesta por privilegiar las relaciones directas con el Gobierno, sin dar señales de vida para en relación a la población. A pesar de estos precedentes, aún existen espacios para ofrecer gestos concretos solidarios.
En primer lugar, es necesario ofrecer un apoyo real a la sociedad civil que durante los últimos años ha crecido y madurado, involucrando en ello a miles de mujeres, hombres y jóvenes con una fuerte conciencia de su papel en la reconstrucción social y moral del país, pero que necesitan tenían instrumentos, protección y reconocimiento. Son necesarios instrumentos porque se trata de una sociedad civil joven y sin experiencia que le pueda servir de referente. Hay que obtener financiación, formación y encontrar ocasiones para poder compartir y aprender del exterior; de manera que la población esté más preparada para la reconstrucción de su país. Se necesita protección porque demasiadas personas han pagado con su vida su compromiso, siendo víctimas de la violencia de la guerra, ya sea la sectaria, la de resistencias, la de ocupación o la del gobierno. Les hace falta reconocimiento como sujetos reales en capacidad de dialogar y formular propuestas alternativas a las que se difunden desde el Palacio de Gobierno. Un reconocimiento que, de haber existido, habría reforzado la lucha de la sociedad civil para combatir la ley del gobierno iraquí, creada más para el control y la represión que para mejorar e impulsar el trabajo de las muchas organizaciones que hay. Un reconocimiento que reforzaría la función de contraparte respecto al poder del Gobierno y que podría brindar una forma democrática y moderna de protección social.
En segundo lugar, es necesario abrir las fronteras e iniciar una política de acogida, facilitando visados a aproximadamente los dos millones de refugiados generados por el conflicto. ¿Se puede seguir escondiendo que la guerra en Irak ha producido refugiados? El mundo no ha visto cómo familias enteras abandonaban sus hogares, pero más de dos millones de iraquíes hayan abandonado el país y otros dos millones son desplazados internos. Muchos han llegado a Siria, Jordania, el Líbano, Egipto y los Estados del Golfo, algunos reagrupándose con familiares que ya vivían en estos países como refugiados de la dictadura de Saddam. Muchos han se han lanzado al viaje de la esperanza en camiones o pequeños barcos. Son ya demasiadas las personas sin empleo, sin oportunidad de educar a sus hijos o sin posibilidad de disponer de atención sanitaria. Son demasiadas las mujeres jóvenes que han caído en la prostitución para sobrevivir. Europa no puede dejar de asumir sus responsabilidades.
En tercer lugar, no podemos permitir a nuestra sociedad y a nuestras compañías que se beneficien de la guerra en nombre de sus negocios. Se ha de prestar particular atención al hecho de que se negocie sobre las inmensas riquezas de las que dispone Irak en hidrocarburos. Sería otra bofetada a un país rico y en fase de reconstruirse y sobrevivir gracias a su riqueza natural y a su competencia para gestionarla. El ámbito sindical se ha expresado siempre con claridad y determinación: su posición es contraria a cualquier venta de las riquezas del país. En la provincia de Basora, al sur del país, los sindicatos del petróleo han organizado conferencias internacionales y seminarios para explicarse e informar.
En cuarto lugar, hace falta agilizar un proceso de verdad y justicia para con las familias de las víctimas civiles, con los torturados y con los arrestados injustamente por parte de las tropas multinacionales. Es cierto que las violencias internas, causadas por una gestión absurda y ciega de la administración de Estados Unidos, ha ocasionado miles de muertes, decenas de miles de desaparecidos y centenares de torturados. Sin embargo, no podemos olvidar las muy graves violaciones perpetradas por parte de los que prometían democracia y civilización. Aquí tampoco podemos inventarnos excusas. Los iraquíes necesitan justicia.
En quinto lugar, es preciso introducirse neutralmente en el proceso político y electoral para ofrecer apoyo al estado iraquí en su penoso camino hacia la reformulación de un estado que sea respetuoso con sus propias tradiciones y democrático a la vez.
Todo esto parece poco, pero sería un gran inicio para recuperar el tiempo perdido.






