¿Imponiendo la democracia en el mundo árabe? ¡El cambio vendrá desde dentro!
Luca Gervasoni
18-11-2009
Luca Gervasoni
Hoy, ocho años después de los ataques sobre las torres gemelas, el “sueño” de imponer una agenda de la libertad yace hecho trizas. “América ya no presume de saber qué es lo mejor para todos –declaró Obama, el pasado junio – el mundo árabe debe ser libre de poder vivir y decidir en función de sus principios y basándose en las tradiciones de su propia gente”.
Luca Gervasoni. Codirector del Programa de Construcció de Paz y Noviolencia Activa - NoVA
Durante los últimos 60 años, los Estados Unidos han priorizado la estabilidad en el mundo árabe a expensas de la democracia y no han conseguido ninguna de las dos cosas. Ahora han cambiado: “Daremos apoyo a las aspiraciones democráticas de sus pueblos”. Esta frase, pronunciado en el 2005 por la Secretaria de Estado de la Administración Bush, Condolezza Rice, denota hasta qué punto los ataques sobre Nueva York del año 2001 marcaron un antes y un después en las políticas de seguridad. Los neocons convencieron al mundo que el terrorismo promovido en el nombre del Islam estaba alimentado por la falta de pluralismo y democracia en el mundo árabe e impulsaron una “agenda de la libertad” que ponía los recursos para acabar con las dictaduras de la región.
Ésta fue la agenda que promovió la invasión militar de Irak, probablemente uno de los experimentos más sangrientos y criminales de la historia para imponer una democracia por la fuerza. Pero no fue el único. El G8 aprobó una importante partida de dinero para promover la democracia en Oriente Medio. Liz Cheney, la hija del vicepresidente, lideró un programa para impulsar la convocatoria de elecciones. El intento fue serio. Los presidentes árabes que visitaron la Casa Blanca en esos años, escucharon que debían apostar por el pluralismo si querían seguir siendo aliados. Nunca antes se habían dedicado tal cantidad de esfuerzos a imponer la libertad y la democracia en los países árabes.
Hoy, ocho años después de los ataques sobre las torres gemelas, el “sueño” de imponer una agenda de la libertad yace hecho trizas. “América ya no presume de saber qué es lo mejor para todos –declaró Obama, el pasado junio – el mundo árabe debe ser libre de poder vivir y decidir en función de sus principios y basándose en las tradiciones de su propia gente”.
Un círculo vicioso
¿Cuáles fueron los resultados de esta agenda reformista? Mubarak sigue siendo el presidente de Egipto después de 28 años. En Siria, murió Hafez Assad y el parlamento aprobó que su hijo heredara el poder. En Túnez, Zine al-Abidine Ben Ali mantiene el poder tras 22 años. Jordania sigue bajo el control de la dinastía Hashemita, Marruecos, de la dinastía Alauita; Arabia Saudí, de los al-Saud; y Kuwait, de los al-Sabah. Gaddafi dirige el socialismo islámico en Libia desde 1969. Crecen las denuncias de persecución a defensores de los derechos humanos. La oposición política es silenciada y arrestada. Casi ningún amago democratizador en la región supera el calificativo de cosmético. Y no debe infravalorarse la presión que se ejerció. Mucho de su fracaso, incluso en países tan dependientes de los Estados Unidos como Egipto y Arabia Saudí, resulta revelador sobre el inmovilismo de los políticos árabes.
“Hoy, ocho años después de los ataques sobre las torres gemelas, el “sueño” de imponer una agenda de la libertad yace hecho trizas”
¿Pero por qué estos esfuerzos no surgieron efecto? Se dice que en el mundo árabe los problemas son un círculo vicioso y que tienen la capacidad de reinventarse. Las principales causas de conflicto en esta región (Israel, el petróleo, la corrupción y la ausencia de sentimiento nacional) no son tan solo problemas crónicos, también están interrelacionados y se refuerzan unos a otros. Bush no lo entendió.
Si hay algo que puede unir a los países árabes es el firme rechazo que comparten frente a toda injerencia extranjera. Si está liderada por países aliados de Israel, con importantes intereses energéticos y que se codean habitualmente con los presidentes más corruptos de la región, entonces las consecuencias serán imprevisibles y graves. La invasión de Irak y especialmente la indeferencia occidental ante los ataques de Israel sobre el Líbano en 2006 y el más reciente a la Franja de Gaza han sido los principales responsables de acabar políticamente con la “agenda de la libertad”.
Las consecuencias han sido que el odio que despierta la violencia cíclica con Israel y los EEUU ha conseguido eclipsar los debates internos entre movimientos nacionales: democracia o autoritarismo, estado secular o teocracia. Hoy en día, los árabes valoran a sus dirigentes por sus credenciales a la hora de resistir contra Israel y los EEUU, mucho más que por sus credenciales democráticas. Ésta es la razón por la que movimientos armados como Hizbullah son admirados incluso por sus enemigos o por las que Hamás obtuvo la mayoría absoluta en las últimas elecciones. No debe sorprender que se califique a Israel como “el opio de los árabes”.
“Hoy en día, los árabes valoran a sus dirigentes por sus credenciales a la hora de resistir contra Israel y los EEUU, mucho más que por sus credenciales democráticas”
Para añadir más incertezas a la región, si alguien ha entendido esta situación es Irán. Teherán ha convertido la causa Palestina en una herramienta para descalificar a los regímenes árabes y así aumentar su prestigio e influencia en la región. A base de arengas contra el “sionismo invasor” y ataques contra la pusilanimidad de los dirigentes árabes, el mensaje de Irán llega directamente al corazón de las calles del mundo árabe. Ya hace más de un año que el panorama ideológico de los países árabes se divide entre el frente de “los resistentes”, liderado y financiado por Irán y con un amplio apoyo social, y el frente de “los moderados”, liderado y financiado por los EEUU y con un amplio apoyo entre los regímenes corruptos y dictatoriales. Ésta es la partida que tendrá que jugar Obama.
Una fiebre bajo la superficie
En una reciente reunión entre Obama y Mubarak se habló de respeto, no de democracia. El fracaso de la “agenda de la libertad” sugiere que no será fácil convencer a los dirigentes árabes de abrazar los principios democráticos. También ha quedado claro que no hay valor para pagar “el precio del cambio”. Hay demasiado miedo a que el bando de “los resistentes” gane poder. Así que todos los movimientos recientes parecen dirigidos a alcanzar una convivencia pacífica con el statu quo y mejorar nuestras relaciones con los dictadores árabes.
¿Es que no nos queda otra? Sí, tenemos opción: todavía podemos apoyar a aquellos que promueven un cambio desde dentro. Existen numerosos “focos verdes” y ejemplos de revolución popular promovidas por las nuevas generaciones. La mayor parte de la población de los países árabes es menor de 26 años, se informa a través de Internet y al-Jazzeera y no es una aliada potencial de la falta de libertades en que se hallan inmersos. Occidente no debe ignorarlos. Ellos se oponen a toda injerencia extranjera, pero nos solicitan un reconocimiento a su causa. Básicamente que no favorezcamos ni premiemos la violación de los derechos humanos en sus países.
Nos piden que empecemos por quitar mucho del veneno que hemos vertido sobre Palestina e Irak
¿Adónde vamos?
La principal fuente de legitimidad de quienes llaman a la resistencia armada contra Israel y los EEUU es que tienen motivos para luchar. Sólo si apostamos por un enfoque de derechos, podremos ser creíbles en la denuncia de la lucha armada. Si Europa y los EEUU dan legitimidad a los que en las calles comparten los valores que dicen representar, podrán recuperar algo de su prestigio.
¿Algunos ejemplos? En Palestina existe un movimiento que se desmarca de la agenda corrupta de Al-Fatah y de las acciones armadas de Hamas. Son una tercera vía que trabajando con el bloque pacifista israelí lucha contra la expansión de las colonias israelíes con los mismos principios de Gandhi o Luther King. El pueblo de Bil’in (www.bilin-village.org) es la bandera de este movimiento de resistencia popular pacífica. Piden que se retire todo apoyo diplomático y financiero a Israel mientras no cese la ocupación de Palestina y que se luche sin el recurso a la violencia. Sus jóvenes voces y sus acciones se retransmiten en directo cada semana a través de las principales cadenas árabes. Mientras los militantes de este movimiento sigan siendo asesinados y detenidos por parte del ejército israelí ante la impasibilidad occidental, no podremos ganarnos el corazón del mundo árabe.
En Irak, la situación es similar. Las recientes decisiones de la Administración Obama en la línea de promover una retirada de las tropas aliadas del territorio iraquí, son sin duda un paso en la dirección correcta. Pero no son suficientes. No nos engañemos, la retirada de las tropas dejará un terreno abonado para una guerra civil. Para evitarla, es necesario que las potencias occidentales se alineen claramente con la incipiente sociedad civil iraquí que apuesta por la reconciliación. Son más de 200 las entidades que se han alineado con el movimiento Laonf – noviolencia en árabe - (www.laonf.net), creando un espacio de libertad entre los que se han alineado con la violencia y los que se declaran pro-estadounidenses. Ningún político europeo les ha dado apoyo.
La renovada apuesta occidental liderada por Barack Obama, por el “respeto al liderazgo actual en los países árabes” y la no injerencia extranjera en sus asuntos, no puede olvidarse de esta revolución silenciosa. ¿Llegará el tan anunciado cambio a las sociedades árabes? Algún día. Pero tenemos una posibilidad… y la estamos desaprovechando.






