¿Cómo detener el apartheid?

Omar Barghouti

18-11-2009

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Omar Barghouti

Como resultado del fracaso de la comunidad internacional a la hora de presionar a Israel para que se haga cargo de las responsabilidades de sus actos, mucha gente concienciada en todo el mundo ha empezado a clamar a favor de la resistencia noviolenta de la población palestina contra Israel. El prominente historiador israelí Ilian Pappe, el ministro judío en el Gobierno Sudafricano, Ronnie Kasrils, el arzobispo Desmond Tutu y un número creciente de influyentes figuras internacionales han trazado paralelismos entre el apartheid israelí y su predecesor sudafricano. En consecuencia, han pedido que se practique contra Israel el mismo trato que se dio por aquel entonces a Sudáfrica.

Omar Barghouti. Político palestino independiente, analista cultural y miembro fundador de la Campaña Palestina de Boicot Académico y Cultural de Israel (PACBI). Intervención suya el el 4 de junio de 2008 en la Tercera Conferencia Internacional de Bil’in sobre resistencia noviolenta.
(Artículo cedido por el Comité Popular de Bil’in).

“Lo que queremos es poner los palestinos a dieta, pero no dejaremos que se mueran de hambre”, declaró Dov Weisglass, consejero de Sharon, hace algunos años. Hoy, Israel está asfixiando a Gaza paulatinamente, condenando a su población palestina a pasar hambre debido a una catástrofe humanitaria planeada. Si el gobierno de Estados Unidos es un cómplice obvio, tanto por financiar como por justificar y respaldar la ocupación de Israel y otras formas de opresión, la Unión Europea, principal socia comercial de Israel, no es menos culpable de la persistencia de la opresión colonia israelí y de su forma especial de apartheid. Mientras Israel asedia Gaza, castigando a un millón y medio de palestinos, condenándolos a su devastación y llevando la muerte a un centenar de pacientes en hospitales (entre ellos bebés prematuros), la UE invita a Israel a negociar para que integrarse en la Organización de Cooperación Económica y de Desarrollo (OCDE), en vez de acabar con el acuerdo de asociación que mantiene con Israel por la grave violación israelí de los Derechos Humanos. Los gobiernos europeos y estadounidense no sólo le proponen a Israel una ayuda económica masiva y un mercado abierto, sino que le proveen armas, inmunidad diplomática y apoyo político ilimitado. De este modo, mejoran sus relaciones con el Gobierno israelí en el momento en que éste comete actos de genocidio.

Los últimos cambios políticos en Israel han demostrado inequívocamente que una clara mayoría de sus ciudadanos apoya el fervor de su estado racista, las políticas coloniales y la violación persistente del derecho internacional. Una sólida mayoría apoya, por ejemplo, los crímenes de guerra cometidos por el ejército en Gaza, incluyendo el corte de abastecimiento de energía, el muro ilegal de apartheid, las ejecuciones extra-judiciales de activistas palestinos, la negación de los derechos de los refugiados palestinos la preservación del sistema. Entre la larga lista de etcéteras hay que citar del control de una gran parte de la Cisjordania ocupada, particularmente en la periferia de Jerusalén, así como de los acuíferos de agua palestina. Si es ésta la paz que quieren la mayoría de los israelíes, es obvio que no cumple con los requisitos mínimos de la ley internacional y de los derechos humanos fundamentales.

Como resultado del fracaso de la comunidad internacional a la hora de presionar a Israel para que se haga cargo de las responsabilidades de sus actos, mucha gente concienciada en todo el mundo ha empezado a clamar a favor de la resistencia noviolenta de la población palestina contra Israel. El prominente historiador israelí Ilian Pappe, el ministro judío en el Gobierno Sudafricano, Ronnie Kasrils, el arzobispo Desmond Tutu y un número creciente de influyentes figuras internacionales han trazado paralelismos entre el apartheid israelí y su predecesor sudafricano. En consecuencia, han pedido que se practique contra Israel el mismo trato que se dio por aquel entonces a Sudáfrica.

Es muy significativo que tanto el ex-presidente Jimmy Carter como el profesor John Dugard, ex-relator especial de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados Palestinos, aún sin llegar a dar apoyo al boicot acusan a Israel de practicar apartheid contra el pueblo palestino. Teniendo en cuenta las resoluciones de las Naciones Unidas contra los crímenes del apartheid, la posición de Dugard no se debe tomar a la ligera. Tal vez sea el primer paso – de un largo camino – hacia la participación de las Naciones Unidas para identificar a Israel como un Estado de apartheid y adoptar por consiguiente las sanciones oportunas.

En 2001, en Durban, Sudáfrica, a pesar que los integrantes oficiales de la Conferencia Mundial contra el Racismo no quisieron declarar que Israel tenía que responsabilizarse de sus actos, el forum de ONG celebrado en paralelo adoptó ampliamente la perspectiva de que el apartheid que practica Israel tenía que ser combatido con los mismos métodos que su predecesor sudafricano. Muchos esperan que Durban-2 avance en la línea de estas resoluciones transcendentales. Poco después de Durban, las campañas contra las empresas que apoyan la ocupación israelí se propagaron por los campus americanos. En diversos países del ámbito atlántico, y especialmente en el Reino Unido, se empezaron a oír voces de intelectuales y sindicalistas a favor de las campañas de boicot contra Israel. Estos esfuerzos se intensificaron con la reocupación militar masiva de las ciudades palestinas en la primavera de 2002, con toda la destrucción y matanza atroz que acarrearon, especialmente en el campo de refugiados de Jenín.

En 2005, un año después de la decisión de la Corte Internacional de Justicia que sancionaba la ilegalidad de las colonias israelíes y el muro del apartheid, la sociedad civil palestina estableció su llamamiento al boicot, a las desinversiones y a las sanciones (BDS). Más de 170 organizaciones y asociaciones de la sociedad civil, incluyendo los principales partidos políticos, hicieron este llamamiento para que Israel respetase la ley internacional. Doce años después del fracaso total del llamado “proceso de paz”, la sociedad civil recuperó la iniciativa de articular las exigencias palestinas como parte de la lucha internacional por la justicia y la defensa del derecho internacional. Tres segmentos principales del pueblo palestino dieron apoyo a la recomendación del BDS: los refugiados, los ciudadanos palestinos de Israel y aquellos que viven bajo la ocupación. Dicha iniciativa también se dirigió directamente e invitaba a sumarse a los judíos e israelíes concienciados.

A lo largo de un siglo, la resistencia civil y noviolenta siempre ha sido un auténtico componente de la lucha palestina contra el sionismo. En la historia moderna palestina, la gran parte de la resistencia ante la colonización sionista se estableció en base a estrategias noviolentas: manifestaciones de masas, movilizaciones populares, huelgas, boicot de proyectos sionistas y, además aunque se suele olvidar, en la resistencia cultural, que incluye literatura, música, teatro o danza. La primera Intifada palestina (1987-1993) fue un rico experimento de resistencia civil, en el que los activistas organizaron a los vecinos, promoviendo la autosuficiencia y por tanto la viabilidad del boicot en diversos niveles, tanto de los productos israelíes como de las mismas autoridades militares. Por ejemplo, en Beit Sahur una famosa sublevación fiscal supuso para la ocupación israelí uno de los desafíos más incómodos de ese período. La campaña para la BDS, en consecuencia, se ha de ver como un paso más de la cultura palestina para con su lucha civil de resistencia noviolenta. Su principal inspiración, como ya se dijo, para la resistencia actual de Bil’in contra el muro, ha de ser el rico patrimonio que nos queda de la lucha de Sudáfrica contra el apartheid.

Durante los últimos años, muchos grupos, organizaciones e instituciones de todo el mundo han respondido a los llamamientos de boicot y han empezado a considerar o aplicar diversas formas de presión efectiva sobre Israel. Esto incluye a los dos mayores sindicatos británicos, el UNISON y el sindicato del transporte y de los trabajadores (TGWU), y, por otro lado, el sindicato de estudiantes de la universidad británica y de los institutos (UCU). Adosana, que es la academia de arte patrocinada por el Estado irlandés, las iglesias inglesa y presbiteriana de los EUA, los arquitectos británicos superiores, el sindicato general de periodistas, el congreso de sindicatos del comercio de Sudáfrica (COSTAU), el consejo mundial de iglesias, el consejo sudafricano de iglesias y la unión canadiense de funcionarios en Ontario son otras instituciones que también se han sumado. A esta lista se han añadido, últimamente, el sindicato canadiense de trabajadores postales, el ASSE, la asociación más grande de estudiantes en el Québec, además de docenas de autores famosos, artistas e intelectuales liderados por John Berger, entre otros. Son muchos ya los académicos y figuras culturales que rechazan actividades en Israel, practicando así un “boicot silencioso”. En los últimos tiempos, Jean-Luc Godard, director de cine, anuló su participación en un festival de cine en Tel Aviv tras una petición por parte de los palestinos. Antes de él, Bjork, Bo, los Rolling Stones, entre otros, decidieron no actuar en Israel, y de este modo boicotearon las celebraciones de los 60 años de independencia.

En noviembre de 2007, centenares de activistas palestinos, sindicatos, representantes de la mayoría de los partidos políticos, sindicatos de mujeres, asociaciones de agricultores, grupos estudiantiles, y casi cada sector de la sociedad civil palestina organizó la primera conferencia de BDS en territorio ocupado palestino. Resultado inmediato de este esfuerzo fue el establecimiento del comité nacional del BDS, llamado BNC (Boycott National Comitee), para sensibilizar a gente sobre el boicot, liderar sus manifestaciones nacionales y actuar como una referencia unificada para campañas internacionales de BDS.   

Para los pesimistas que siguen creyendo que todo lo que acabo de afirmar es únicamente un pequeño progreso en el calendario, yo quiero tan sólo repetir lo que nos dijo una vez un comandante surafricano: “El ANC hizo su llamamiento al boicot académico en los años cincuenta, la comunidad internacional empezó a tenerlo en cuenta casi tres décadas más tarde. Así que, jóvenes, lo estáis haciendo mucho mejor que nosotros”. Actualmente, ante los crímenes israelíes, la impunidad y el total desprecio de la ley internacional, la sociedad civil internacional pide apoyo a las campañas de BDS que se consideren convenientes en cada situación particular y en las específicas circunstancias políticas de apoyo a la resistencia civil palestina. Ésta es la más efectiva – la voz moral y política – que es la mejor forma de solidaridad de Palestina. Encontrándonos dentro de estas circunstancias excepcionales de lento genocidio, son necesarias medidas coherentes y efectivas. El boicot a Israel es el camino más consistente para la paz, la justicia, la igualdad y la dignidad palestina y de toda la región.