“La presión internacional tiene que ser capaz de convencer al gobierno israelí de que no puede seguir violando la ley internacional como hasta ahora”
18-11-2009
Entrevista a Stéphane Hessel
Cuando recita de memoria el preámbulo de la Declaración aún se le ilumina la mirada. Stéphane Hessel es toda una personalidad. No sólo por ser el único redactor de la Declaración Universal que todavía vive. Lo es porque ha sido testimonio de la historia en primera persona. Y lo que más puede sorprender al hablar con él es el optimismo que destilan sus palabras y su mirada, incluso cuando habla de la violaciones israelíes de los Derechos Humanos que el ayudó a fijar. Es muy crítico con Israel y con la comunidad internacional por permitir lo que ha pasado, pero en ningún momento d se muestra pesimista, cree que los cambios en la Casa Blanca son una ocasión inmejorable para dar un nuevo empuje a un proceso de paz que haga justicia con los palestinos y que convierta otra vez a Palestina en un símbolo de la paz y de los Derechos Humanos.
Stéphane Hessel. Diplomático francés. Colaboró en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.
Stéphane Hessel nació en Berlín en 1917 hijo de dos intelectuales alemanes (que luego serían retratados en una novela y en la película Jules et Jim). Obtuvo la nacionalidad francesa y fue movilizado durante la Segunda Guerra Mundial. Se unió a la Resistencia de De Gaulle y fue capturado por loa alemanes, lo que lo llevó a los campos de concentración de Buchenwald y Dora, de los que pudo escapar. En 1946, el joven diplomático entró en Naciones Unidas y dos años después participó en la redacción de la Declaración Universal de los derechos Humanos. Desde entonces ha combinado su actividad diplomática con la defensa de los derechos que él ayudó a recoger. Se ha convertido en un firme defensor de los derechos de los ciudadanos y ciudadanas en Palestina.
P. ¿Aún mantiene la esperanza en la aplicación de la Declaración de los Derechos Humanos?
En el momento en el que aprobamos la Declaración Universal, en 1948, acabábamos de pasar una terrible guerra que había causado más destrucción que ninguna otra en la historia. Pensamos que teníamos que poner por escrito los valores básicos por lo que tenía que regirse el mundo. Debía ser un buen texto, corto pero fuerte. Y no sólo lo fue, sino que los valores que escribimos en este texto son absolutamente válidos hoy, no hace falta tocar ni una palabra: libertad, Derechos Humanos, igualdad de hombres y mujeres, derecho a la salud, a la educación… Todo está ahí.
P. Pero no se cumple...
Pero 60 años después tenemos que reconocer que hay muchos países que no aplican los derechos Humanos. Es cierto que cuando lo escribimos pensamos que era un ideal común que se tenía que alcanzar y aún no lo hemos hecho. Nosotros esperábamos que 60 años después la mayoría de países habrían implementado esta Declaración. Y hay que decir que en estos últimos ocho años, bajo la administración de George W. Bush ha habido un retroceso, los derechos Humanos han sido violados por Estados Unidos, el país más poderoso del mundo, y por otro país que precisamente es el que se creó en 1948: Israel. Yo estaba allí en 1948 trabajando para Naciones Unidas y pensé “por fin, los pobres judíos, que han tenido que sufrir la terrible shoah, tendrán su estado”. Pero estábamos convencidos de que tenía que ser un estado que conviviese con otro estado árabe, tal y como se había acordado entre la comunidad internacional. Cuando íbamos viendo que año tras año los israelíes no respetaban la ley internacional, que la violaban al poner asentamientos en Cisjordania y Gaza y al comportarse de forma brutal con sus vecinos palestinos, nos íbamos entristeciendo cada vez más.
Después de 1967, tras la Guerra de los Seis Días, pensamos que sería el momento en el que se llegaría a la paz. El Consejo de Seguridad adoptó sus resoluciones 242 y 338 y pidió dos países, yo pienso aún hoy que no hay otra solución posible para el problema. Si Israel quiere seguridad y los palestinos tienen derecho a su propio estado, la presión internacional tiene que ser suficientemente fuerte como para convencer al gobierno israelí de que no puede seguir violando la ley internacional como hasta ahora.
P. Cuando se creó, Israel representaba para algunos los derechos de los pueblos. Sesenta años después se ha visto una de las violaciones más brutales de los Derechos Humanos de toda la historia en Palestina. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí?
Durante estos sesenta años, la propaganda israelí ha sido muy fuerte. Ha estado repitiendo que Israel es un pequeño país rodeado de millones de árabes y que, además, éstos no necesitaban ningún estado. Han dicho que los árabes podían dejar el país a los israelíes, que eran sus auténticos dueños porque era Dios quien se lo había dado. Así, ¿Por qué los árabes no se iban a otro país, a Siria, Jordania o cualquier lugar pero con otros árabes? Hicieron tan buena propaganda de todo ello que gente que de entrada había defendido los dos estados fue callando. Recordaban el Holocausto y se iban reafirmando en la idea de la seguridad de Israel. Y la comunidad internacional estaba avergonzada y fue débil, como lo ha seguido siendo después de la guerra de 1967, de la guerra de 1973, de la primera intifada, de la segunda… Cada vez que Estados Unidos ha reunido a israelíes y palestinos diciendo que esta vez sí se conseguiría la paz, los israelíes han continuado su política de asentamientos en contra de cualquier paz.
P. ¿Cambiará alguna cosa?
Es lo que nos preguntamos. Hoy en Barcelona, otro día en París o en cualquier otra ciudad, nos manifestamos para decir que Palestina tiene que tener su propio país. ¿Y tenemos alguna nueva esperanza? Quizás sí. Hay un nuevo presidente en Washington y está condenado a ver que la solución del problema palestino-israelí es parte de la solución a un problema más amplio entre Estados Unidos y Oriente Medio. Si Obama tiene los consejeros adecuados tendrá que ver que hay que presionar a Israel. No para destruirlo, sino en realidad para hacerlo más seguro, porque la seguridad de Israel depende cada vez más de la existencia de un estado palestino, que será reconocido por la comunidad internacional igual que Israel acabará siendo reconocido por los estados árabes, que ya han firmado que lo harán en el momento en el que Palestina tenga su estado.
P. ¿Palestina puede volver a ser, 60 años después, un símbolo de los Derechos Humanos y de la paz para todo el mundo?
Eso es exactamente lo que necesitamos. Este año 2009, con la llegada del nuevo presidente a la Casa Blanca, con una Europa que se está fortaleciendo, con un papel importante de España, es cuando debemos tener una nueva visión. Dinámica como la tuvo Franklin D. Roosevelt en los años 40. Si tenemos esta nueva visión tendremos que decir a Israel que necesita el apoyo internacional y que no puede vivir sin el respaldo estadounidense. Y que no los tendrá a menos que acepte el establecimiento de un acuerdo pacífico con los palestinos. Esperamos que el presidente Obama y Europa serán suficientemente fuertes para seguir este camino hacia la paz y la seguridad de los palestinos y los israelíes.
P. Hace 60 años, de esa visión de Roosevelt y de lo que quedaba de Europa surgieron la Naciones Unidas. ¿Cuál es el papel que debe tener ahora Europa ante esta posible nueva visión desde Washington?
Europa aún se está construyendo. Comenzó con seis países, luego nueve, cada vez más hasta los 27 actuales. Pero aún no ha decidido del todo para qué es este proceso: ¿Sólo por seguridad, para protegerse de Rusia? ¿O para tener buenas relaciones comerciales entre ellos y ser prósperos? No. Europa debe construirse porque es la base de la ley internacional y de los Derechos Humanos en el mundo. La idea misma de Derechos Humanos sale de Europa, fuimos nosotros los primeros en decir que los seres humanos debían tener sus derechos sólo por el hecho de serlo. Ahora debemos seguir empujando esta idea haciéndola avanzar, si lo hacemos nosotros podemos tener un papel importante en la nueva organización de la sociedad internacional. Esta sociedad global de mañana necesita polos diferentes: Europa, China, India, América... Deben aprender a vivir juntos y tenemos esta organización maravillosa, las Naciones Unidas, para la cual empecé a trabajar en 1946 cuando yo sólo tenía 29 años. Ahora que tengo 91 aún creo que los que necesitamos son unas Naciones Unidas fuertes en las que Europa puede tener el papel básico de recordar a los otros que tienen que vigilar los Derechos Humanos y la ley internacional.






